Las 40 Rutas del Foie gras…

Hace unas semanas, Rafael Rincón, periodista gastronómico, director de El Trotamanteles, me pedía participar con un importante grupo de compañeros en una iniciativa en la que, a través de diferentes artículos, ponemos en valor ese producto tan perseguido: El Foie gras.

Cuarenta visiones diferentes de distintos profesionales, un viaje muy particular de cada uno de ellos por este producto exclusivo.
Según nos cuenta el propio Rafael: “Son cuarenta y un periodistas, comunicadores relacionados con la gastronomía que en primera persona nos hablan de este manjar de nuestras mesas, de sus propias experiencias, sensaciones y opiniones sobre él. Tres generaciones de reconocido, criterio, trayectoria y experiencia que nos ayudarán a tener una opinión más universal y completa de este mundo del Foie Gras y otras suculentas partes de las palmípedas, patos y ocas, de crianza y cebo”.

Estos somos los periodistas que hemos participado: Víctor de la Serna Arenillas, Francisco López Canis, María Jesús Gil de Antuñano, Miquel Sen Tato, Luis Cepeda, Alfredo Franco Jubete, Xavier Agulló, Miguel Ángel Almodóvar, María Zarzalejos, Carlos Maribona, Andrés Sánchez Magro, Paco Becerro, Ramón J Soria, Rosa Román Fernández, Miguel Casas, Alicia Gómez, Ana Alonso de Letamendia, Pedro G Mocholi, Pablo Amate, Martín Mucha, Eufrasio Sánchez Martín, Concha Crespo, Alberto Granados, Eva Celada, Javier Compás, Nacho Coteron, Ana B. Toribio, Myriam Garrido, David Ruiz, Alejandro Maglione (Argentina), Juantxo Sánchez Fernández ( México), Alexandra Sumasi, Ana Lorente, Fernando Garcia Bilbao, Carlos Santos, Segundo López, Ana Belén González Pinos, José Ribagorda, Miguel Ángel Sanchez, Celso Vázquez Manzanares y Rafael Rincón JM.

Y este ha sido mi artículo, un pequeño paseo hacia el futuro…

La noche había caído y los pocos transeúntes que quedaban se dirigían raudos a recogerse en sus hogares tras una jornada de niebla y frío intenso. Yo dirigía mis pasos con ritmo acelerado por la calle casi desierta, subí los cuellos de mi cazadora térmica y me encaminé hacia un callejón cercano, había realizado aquel recorrido en innumerables ocasiones, aunque como siempre, me dejé guiar por mis gafas geolocalizadoras.
Antes de adentrarme miré en todas las direcciones para asegurarme que nadie me había seguido. Al fondo del callejón había una puerta de metal, no parecía que allí hubiera ningún tipo de actividad. Golpeé tres veces la puerta y se abrió una pequeña cancela, una mirada penetrante me observaba desde el otro lado…
Acerqué mis ojos a la cancela, me los escanearon y la puerta se abrió, automáticamente un estiloso robot me acompañó por un largo pasillo, abrió una puerta y allí me encontré a varios de mis queridos amigos gastrónomos, muchos de ellos empresarios del sector, algún periodista como yo, bodegueros, chefs… El barman me reconoció enseguida y me regaló una sonrisa…

-Buenas noches señor Granados… ¿Qué desea tomar?

-Ponme un Fino, por favor.

En ese momento se me iluminó en mis gafas una carta con los productos que tenían ese día disponibles para degustar: Caviar, Steak tartar, Angulas, Foiegras, algo de Casquería… materias primas que llevaban años prohibidas y que teníamos que tomar en la clandestinidad, temerosos de las represalias que tomarían si fuésemos descubiertos…

Esto que acabáis de leer es simplemente una ficción de lo que nos podríamos encontrar dentro de 15 o 20 años si no terminamos con esta “ola” de desinformación e intolerancia, que como “modas” aparecen en los medios de comunicación o en las redes sociales, en contra de producto y materias primas que ni siquiera se conocen en profundidad. Aún recuerdo como hace unos meses, dos veganas indignadas, salían en todos los medios de comunicación reclamando el cese de la “violación” sistemática que realizan los gallos con las gallinas en los corrales de nuestro País (tan surrealista como cierto).

En este artículo podría hablar, por ejemplo, de la carne y de la persecución que en algunos países se comete contra los carniceros, que además del gran problema económico que sufren tienen que soportar a muchos intolerantes que les lanzan sobre sus negocios botes de pintura roja; no es el caso, y nos centraremos en otra de las materias primas perseguidas por muchos “desinformados”, el pato y la mayoría de sus derivados, principalmente el Foie gras, un producto que lleva miles de años en nuestros hogares (se calcula que desde hace más de 4.500 años) y que si sigue esta “ola” de intolerantes terminará por desaparecer.

Es cierto que hay que perseguir a todo aquel que se salte la ley y tenga métodos de producción no responsables, aunque para tranquilidad de los consumidores habría que asegurar que al menos productores de derivados del pato, ya quedan menos al margen de una normativa, cada vez más estricta, y que busca que el “engorde” animal (lo que más indigna a muchos colectivos) se haga de la manera más natural y ecológica.

Yo no os voy a explicar ni la elaboración ni los cuidados del pato, para eso ya están muchos de mis colegas como Rafael Rincón, que os analizarán todos los métodos de producción y los diferentes productos que encontramos del pato, solamente quería recalcar la importancia de la información tan necesaria en estos días de incertidumbre. Tenemos que llevar la educación gastronómica a las escuelas, a los hogares, a las empresas… porque si no, puede que algún día no muy lejano, la comida sea un mero acto de engorde con los productos que a los que verdaderamente mandan les interesen. ¿Les suena?

 

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