¿Qué misterio esconderá la tumba del expedicionario Shackleton en unos días?

Hoy mismo parte la expedición comandada por mi querido amigo Sebastián Álvaro rumbo a Georgias del Sur, siguiendo las huellas del explorador británico Ernest Shackleton. Una auténtica aventura de unos 40 días atravesando uno de los peores y más peligrosos mares que existen con unos compañeros de lujo:

Juanjo San Sebastián. Miembro de Al Filo. Escritor. Hizo cumbre en el K2.

Ramón Portilla. Miembro de Al Filo. 7 Ochomiles y más de 100 expediciones.

Alex Txikón. Miembro de Al Filo. 10 Ochomiles y carrera imparable.

Juanra Madariaga. Miembro de Al filo. 5 Ochomiles.

Luis Heras. 3 Dakares, Transoriental, expediciones en moto en los cinco continentes.

Mariano Izquierdo. Cámara de Al Filo.

y Remedios Morán. Responsable médico.

Sebastián tiene la intención de llegar hasta la misma tumba del expedicionario y allí colocar un objeto que para él es muy sentimental. Sebas tiene una relación especial con uno de los mejores compositores que existen, Pancho Varona, y se lleva una púa de nuestro amigo para depositarla a modo de homenaje en la tumba de Shackleton. Aquí tenéis en exclusiva la prueba…

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El objetivo de la expedición, una vez completen la dura travesía en barco de 7 días a bordo de la Sourire, capitaneada por todo un experto en aguas antárticas, Hugo Deligneres, es seguir las huellas de Shackleton en Georgias del Sur, exactamente la misma travesía del explorador británico cuando fue en busca de ayuda para rescatar a sus compañeros perdidos en uno de los lugares más bellos, remotos, inaccesibles y solitarios de la Tierra.

con Sebas y Java, su hijo y mano derecha, minutos antes de partir...
con Sebas y Java, su hijo y mano derecha, minutos antes de partir…

Shackleton fue uno de los «curiosos personajes de la historia» que decidí incluir en mi libro «Historias imprescindibles para los amantes de los viajes» y ahora merece la pena recordar su aventura…

 Ernest Shackleton, perdido en la Antártida…

No hay duda de que Ernest Henry Shackleton (1874-1922) se ha convertido en uno de los expedicionarios con más tesón de la historia.

Shackleton nació en Irlanda y era el mayor de diez hermanos. Su padre era médico y estaba empeñado en que Ernest siguiera sus pasos pero no fue así: el joven Shackleton desobedeció los mandatos paternos y se enroló como marino mercante cuando solamente tenía 17 años. A los 20 era teniente y a los 24 alcanzó el grado de capitán.

Con 28 años fue seleccionado para participar en una expedición a la Antártida junto a Robert Falcon Scott. Para reclutar al resto de la tripulación se publicó un anuncio en el periódico Times que ha pasado a la historia: “Se buscan hombres para un peligroso viaje. Salario reducido. Frío penetrante. Largos meses de completa oscuridad. Constante peligro. Dudoso regreso sano y salvo. En caso de éxito, honor y reconocimiento”.

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En noviembre de 1902 la expedición alcanzó el punto más austral conseguido jamás por el ser humano hasta esa fecha. La gloria le duró poco al expedicionario, que, atacado por el escorbuto, tuvo que renunciar y regresar a Inglaterra, humillado por no haber podido coronado el Polo Sur.

Shackleton no estaba conforme con aquella mala suerte. Le obsesionaba la necesidad de conquistar el Polo Sur y en 1907 organizó su propia expedición. Partió de nuevo hacia la Antártida a bordo del buque Nimrod. De nuevo alcanzaron una latitud récord, pero, a tan sólo ciento ochenta kilómetros de coronar el Polo Sur y tras haber recorrido tres mil kilómetros, se vieron forzados a abandonar.

El expedicionario se preguntaba el porqué de su infortunio. La situación no mejoró cuando hasta sus oídos llegó la noticia de que el 14 de diciembre de 1911 Ronald Amundsen por fin había conquistado el Polo Sur. Shackleton no pudo dar crédito a la noticia. Decepcionado, decidió ponerse un nuevo objetivo que pudiera compensar sus desgracias: cruzar la Antátida a pie pasando sobre el polo. Un total de tres mil trescientos kilómetros.

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Expedición Endurance

También fue conocida como la Expedición Imperial Transantártica. Dos embarcaciones que partieron de Inglaterra el 8 de agosto de 1914: el Endurance, capitaneado por Shackleton y con veintiocho hombres, y el Aurora, a las órdenes del capitán Aeneas Mackintosh. Este segundo barco partía con la misión de ir preparando varios avituallamientos por el lado opuesto al que comenzarían la travesía; de este modo, Shackleton y sus hombres no tendrían escasez de víveres.

Tras varios meses de navegación el Endurance quedó bloqueado entre los hielos. Así pasaron bastante días hasta que a principios de 1915 fueron conscientes de que jamás saldrían de aquellos hielos porque no eran capaces de realizar con el barco ninguna maniobra. Al final el hielo destrozó y hundió la nave. La tripulación tuvo que saltar a la superficie helada. La primera misión que se pusieron fue salvar todo el material que se pudiera antes de que el barco desapareciera en el fondo de aquel océano congelado, cosa que hizo a los pocos días.

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Shackleton tuvo que cambiar todos los objetivos que se había marcado al inicio del viaje y centrarse en salvar a sus hombres. Su única meta sería llegar a algún refugio donde se pudiera encontrar víveres aunque por desgracia el punto más cercando quedaba a quinientos kilómetros de distancia.

Se organizó la marcha. Los hombres portaban víveres, combustible, equipos de supervivencia y tres botes salvavidas que en caso de necesidad podrían ser utilizados. Aquella pesada cargada y las condiciones del terreno hacían que cada avance fuera toda una odisea. Shackleton, consciente del desgaste que estaban sufriendo sus hombres y el poco resultado que obtenían, ordenó parar. De momento tendrían que acampar y buscar una solución más sensata.

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El grupo montó un campamento en el que aguantaron unos tres meses. Los hombres tuvieron que cazar focas intentando conservar por más tiempo la comida envasada. Pronto las presas comenzaron a escasear y el hambre obligó a los marineros a sacrificar los perros que habían llevado para sus traslados en trineo.

El hielo seguía agrietándose y pronto estuvieron en una pequeña isla triangular flotante. Shackleton consideró que era el momento de intentar navegar utilizando los tres botes que habían conservado. Varios días de travesía terminaron por agotar a la tripulación sin tener la certeza de que fueran a conseguir su objetivo. Finalmente encontraron una zona que parecía segura para volver a montar el campamento.

El capitán era consciente de que había que tomar decisiones arriesgadas, el campamento más cercando quedaba muy lejos de su posición y había que intentar localizarlo. Ésa fue la única salvación para sus hombres. La tripulación ayudó a adaptar uno de los botes con la intención de que aguantara una navegación larga. Shackleton se embarcó junto a seis compañeros con el objetivo de localizar ayuda. Como los víveres escaseaban, el capitán llevó sólo comida para cuatro semanas. Si en ese tiempo no habían conseguido llegar al campamento más cercano, estarían perdidos.

Después de quince días de navegación llegaron a Georgia del Sur. Según sus datos a poca distancia de donde se encontraban estaba ubicada una estación ballenera. Shackleton dejó a tres hombres junto al improvisado barco y continuó con otros tres. Caminaron sin descanso hasta que después de más de treinta horas de marcha consiguieron encontrar la estación. Lo primero que hicieron fue ir a recoger en un ballenero los hombres que se habían quedado protegiendo la pequeña embarcación.

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En cuanto cogieron fuerzas intentaron ir en ayuda del resto de compañeros, que aguardaban desesperados, pero el mal tiempo y la barrera helada que los separaba lo hicieron imposible. El marino inglés lo intentó con otras embarcaciones sin éxito. Finalmente y gracias a la intermediación de su gobierno se consiguió un pequeño barco de vapor muy resistente con el que encontró al resto de sus compañeros sin bajas en la expedición.

Peor suerte corrieron los compañeros del Aurora: varios de ellos fallecieron intentando cumplir la misión de avituallamiento programada.

El último viaje

No satisfecho con sus hazañas, Shackleton intentó organizar de nuevo una expedición que lo llevara al Polo Norte. Debía conseguir coronarlo antes que Amundsen y sus hombres aunque finalmente, y tras reunir la financiación necesaria, decidió regresar a la Antártida.

Shackleton se volvió a enrolar el 17 de septiembre de 1921 y, aunque parezca imposible, lo siguieron varios de los marinos que lo habían acompañado en la expedición anterior. El viaje hacia la Antártida se desarrolló sin incidentes hasta que en enero de 1922 Shackleton sufrió un ataque cardiaco y falleció sobre el hielo que tantas aventuras le había hecho protagonizar.

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Aunque su cuerpo fue devuelto a Inglaterra, su viuda solicitó que fuera enterrado en Georgia del Sur, muy cerca de la antigua base ballenera donde encontraron la ayuda necesaria para regresar con vida en su penúltimo viaje. Hoy en día la tumba es visitada por multitud de aventureros y turistas que pasan por la zona y que recuerdan a aquel marino que la historia recordará por su tesón.

Más información del viaje en la web de Sebastián Álvaro

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