Se presenta en el Asador Donostiarra la nueva añada de Bodegas Emilio Moro…

Hace unos días se presentaba en el Asador Donostiarra de Madrid las nuevas añadas de la Bodega Emilio Moro. José Moro, su presidente, recibía a unos cuantos periodistas entre los que me encontraba. Además este año coincide con el 20 aniversario de su vino Malleolus

El primer vino que probamos sería La Revelía 2017, José Moro explicaba así este vino: «Hace cinco años yo no tomaba blancos; los tintos eran mi única pasión enológica hasta que probé la variedad Godello. Sus vinos me entusiasmaron porque son diferentes, llenos de frescura y profundidad aromática, con una complejidad y una capacidad de envejecimiento comparables a los tintos». 

Un proyecto que nace con la vocación de añadir un blanco de calidad a su ya conocida gama de tintos y de trasladar la calidad y singularidad de sus vinos de Ribera del Duero a una zona hasta ahora más conocida por sus tintos de Mencía pero con mucho potencial para dar a luz grandes blancos.

Situada en el noroeste de la provincia de León, en el llamado Valle del Silencio, El Bierzo cuenta con un microclima especial para una viticultura también muy especial. La barrera natural de la Sierra de los Ancares calma el ímpetu de las borrascas atlánticas y genera una climatología continental, con influencia oceánica, que resulta ideal para el cultivo de la vid. Estas cualidades y la singular belleza del entorno enamoraron a la familia Moro y la animaron a elaborar en esta zona los primeros vinos blancos, La Revelía y El Zarzal, cuya primera añada, la de 2016, se presentó en el mercado el año pasado.

En esta nueva añada 2017, la bodega ha buscado sacar el máximo provecho a la heterogeneidad de paisajes, altitudes y orientaciones de El Bierzo y trasladar la esencia de cada parcela a los vinos en pos de hacerlos cada vez más complejos. Siempre trabajando con esmero el perfil aromático y las particularidades propias de la uva Godello, una variedad blanca perfectamente adaptada al terreno y a las laderas de El Bierzo que representa el 5,62% de la uva que se cultiva en la zona.

El siguiente vino con el que tomamos el aperitivo fue Malabrigo 2015 de Cepa 21. En palabras José Moro: «Malabrigo 2015 lo tiene todo: potencia, calidez, intensidad, complejidad y capacidad de guarda». En definitiva, se trata de una añada mítica que, como toda joya que se precie, se presenta en edición limitada de en torno a 15.000 botellas».

Malabrigo, una de sus referencias top, es un 100% Tempranillo procedente del pago del mismo nombre, una finca singular que presenta una climatología dura, con contrastes térmicos extremos que permiten maduraciones prolongadas del hollejo y aportan cuerpo, fruta y complejidad al vino. Esta nueva añada, la de 2015, ha sido además una de mejores de los diez últimos años, especialmente para los vinos de guarda, debido a una primavera más cálida de lo habitual que propició un buen desarrollo vegetativo de la vid y a un verano seco que provocó una brotación temprana, una maduración muy completa y una concentración excepcional, dando como resultado vinos muy intensos, aromáticos y con gran capacidad de evolución en botella.

Malabrigo 2015 aúna las virtudes de la añada con la personalidad de la marca y de la parcela de la que proviene, presentando el balance perfecto entre fruta y madera y entre la potencia y la calidez con una complejidad fuera de lo común. Pese a su año y medio de envejecimiento (en barricas de roble francés), a la vista mantiene un intenso color rojo cereza que denota una materia prima excepcional. En nariz es limpio, nítido y rico en matices marcados por las notas a frutas negras maduras. En boca se muestra pleno, con un tanino persistente pero muy maduro y un final largo que permanece en el paladar y en el recuerdo.

Después el Malleolus 2016 (con el que se celebra el XX aniversario). En 1999, Bodegas Emilio Moro lanzó al mercado la primera añada (1998) de Malleolus, que marcó un punto de inflexión tanto en la historia de esta bodega centenaria como en el sistema tradicional de elaboración de los reserva en la Ribera del Duero. Con el nacimiento de Malleolus –vocablo en latín que significa majuelo, forma de llamar a los viñedos–, se acuñó un estilo propio en la denominación; desde entonces, se clasifica con la etiqueta genérica de vino de añada, prescindiéndose de los clásicos calificativos de crianza, reserva y gran reserva en pos de presentar vinos con una personalidad única, que permanecen en barrica el tiempo que se considere oportuno.

Procedente de un viñedo de suelos arcillosos, calizos y pedregosos que se trabajan por parcelas para extraer todo su potencial, Malleolus representa la máxima expresión del terroir en el que se ubica Bodegas Emilio Moro. Elaborado con uvas 100% Tinto Fino (Tempranillo), el vino procede de los viñedos más antiguos de la bodega: majuelos de entre 25 y 75 años (en vaso y espaldera) que aún conservan la esencia de los antiguos majuelos, rescatados por la familia Moro del arranque masivo que se produjo en Pesquera del Duero el siglo pasado, y que confieren al vino una potencia y un carácter excepcionales. En estas dos décadas de vida, Malleolus ha conseguido forjarse una reputación sobresaliente en los cerca de 70 países en los que esta presente la bodega vallisoletana.

Íbamos terminando con Malleoulus de Valderramiro 2015. Un vino de edición limitada (7.300 botellas) que aúna a la perfección la singularidad del viñedo del que procede con las virtudes de una cosecha considerada como la mejor de los diez últimos años en la Ribera del Duero. Para José Moro «se trata de una añada digna de enmarcar y, en definitiva, de uno de los mejores vinos de la historia de Emilio Moro que destaca por su calidez, por su concentración de frutas maduras y, al mismo tiempo, por su elegancia y amabilidad».

Malleolus de Valderramiro es uno de los vinos más especiales de Bodegas Emilio Moro. Procede del Pago de Valderramiro, el viñedo más antiguo de la bodega (fue plantado en 1924) que presenta un suelo predominantemente arcilloso del que manan vinos potentes, estructurados, elegantes y con mucha personalidad. Esta identidad se ha visto además reforzada por las benevolencias de una añada excepcional, extraordinariamente lluviosa y marcada por una primavera de temperaturas altas que favorecieron el desarrollo vegetativo de la vid. Gracias a los contrastes térmicos entre el día y la noche de un verano de lluvias escasas, la uva alcanzó su completa madurez aromática y polifenólica dando como resultado un vino con mucho peso, definido por la concentración, la intensidad de frutas muy maduras y una elegancia «desmesurada».

y por último el Clon de la Familia 2011 (que es el solidario cuya recaudación va destinada a la Fundación). Con carácter, complejo y noble. Así es Clon de la Familia, máxima expresión del clon de Tinta Fina que se trabaja en la bodega vallisoletana llevando a cabo una exhaustiva selección de los mejores terroirs. Su producción depende de la excelente calidad de la uva, elaborándose únicamente en aquellos años excepcionales en lo que a climatología se refiere. Así, la cosecha de 2011 ha hecho posible otorgarle a la tercera edición de este vino su peculiar carácter y colmar las expectativas de calidad de Bodegas Emilio Moro, una de las más señeras de la Ribera del Duero. Las abundantes lluvias de invierno permitieron que las cepas aguantasen un ciclo más seco de lo esperado; asimismo, las cálidas temperaturas de los meses de septiembre y octubre, junto con la ausencia de contratiempos meteorológicos, permitieron una vendimia prolongada que posibilitó el estado óptimo de maduración de cada parcela.

“La tradición y la pasión” se expresan en esta añada de manera intensa y bien definida gracias a la elegancia de los suelos calizos, a la estructura y al carácter de la arcilla y a la madurez de los suelos pedregosos. El subsuelo y el microclima de las parcelas de Cornalvo, Camino Viejo y La Mira, representativas de los tres tipos de suelos de la Ribera del Duero —arcillosos, calizos y pedregosos—, y la crianza de entre 15 y 20 meses en barricas exclusivas de roble francés, que respetan los aromas a fruta y tierra, han dado lugar a un vino que es la más pura expresión de la varietal de la que procede.

Todos estos vinos los probamos con alguno de los platos emblemáticos del Asador Donostiarra… Su Morcilla de Burgos, la Tortilla de Bacalao, su famosa Chistorra, sus Delicias de Merluza con Gambas o su Chuletón a la parrilla fileteado.

Sobre Bodegas Emilio Moro… 

El origen de la bodega se remonta a 1891, año de nacimiento de su fundador, D. Emilio Moro, en Pesquera de Duero (Valladolid), enclave privilegiado de la Ribera de Duero rodeado de viñedos. Emilio Moro, abuelo de los actuales propietarios, enseñó a su hijo el amor por el vino, y este, a su vez, lo transmitió a sus hijos. Tras tres generaciones, José y Javier Moro se hacen cargo de la bodega que actualmente posee unas 200 hectáreas de viñedo propio, plantadas e injertadas con un excelente clon de Tinta Fina recuperado de sus viñas más viejas. Algunos de sus pagos más conocidos son Resalso, plantado el año en que nació Emilio Moro (1932), con suelos profundos y frescos; Valderramiro, con los vasos más antiguos de la bodega y la cuna de su gran vino de pago, Malleolus de Valderramiro; Sanchomartín que, con unas excelentes condiciones de maduración, ofrece vinos tánicos y de marcada acidez, ideales para la crianza; y Camino Viejo, donde nace Malleolus. La gama de vinos engloba también Emilio Moro, buque insignia de la bodega, y La Felisa, su vino ecológico y sin sulfitos añadidos. La familia Moro elabora además los godellos La Revelía y El Zarzal, fruto de su desembarco en El Bierzo, y posee, también en la Ribera del Duero, Bodegas Cepa 21 que engloba las referencias Hito, Hito Rosado, Cepa 21 y Malabrigo.

WEB EMILIO MORO

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